Estrés Laboral

Definimos estrés laboral como un conjunto de reacciones emocionales, cognitivas, fisiológicas y del comportamiento de los trabajadores a ciertos aspectos adversos del contenido, el entorno o la organización del trabajo.

El estrés es la segunda causa de baja laboral en la Unión Europea. Un 28% de los trabajadores europeos padece algún tipo de estrés laboral. Las mujeres son más propensas a sufrir estrés laboral que los hombres, ya que además de realizar su trabajo fuera de casa, suelen realizar la mayor parte del trabajo familiar y doméstico.

Se ha comprobado la repercusión de la interacción entre las demandas de trabajo, el control del trabajador y el apoyo social. De tal forma que un nivel alto de apoyo social en el trabajo disminuye el efecto del estrés, mientras un nivel bajo lo aumenta.

También el estrés laboral puede ser debido al desajuste entre las habilidades y capacidades de la persona trabajadora y las exigencias y demandas del trabajo a desempeñar. Las consecuencias del estrés laboral pueden ser organizativas, físicas y psíquicas.

Dentro de las psíquicas observamos que los efectos psicológicos negativos que pueden aparecer son: la preocupación excesiva, la incapacidad para tomar decisiones, la sensación de confusión, la incapacidad para concentrarse, la dificultad para mantener la atención, los sentimientos de falta de control, la sensación de desorientación, los frecuentes olvidos, los bloqueos mentales, la hipersensibilidad a las críticas, el mal humor, la mayor susceptibilidad a sufrir accidentes y el consumo de tóxicos.

El estrés laboral surge cuando las demandas del trabajo son altas, y al mismo tiempo, la capacidad de control de toma de decisiones (por falta de recursos) es baja.

El estrés laboral surge cuando las demandas del trabajo son altas, y al mismo tiempo, la capacidad de control de toma de decisiones (por falta de recursos) es baja.

El mantenimiento de estos efectos puede provocar el desarrollo de trastornos psicológicos asociados al estrés. Entre los más frecuentes están: trastornos del sueño, trastornos de ansiedad, fobias, drogodependencias, trastornos sexuales, depresión y otros trastornos afectivos, trastornos de la alimentación, trastornos de la personalidad y trastornos esquizofrénicos.

Entre los signos o manifestaciones externas a nivel motor y de conducta estarían: hablar rápido, temblores, tartamudeo, imprecisión al hablar, precipitación a la hora de actuar, explosiones emocionales, voz entrecortada, comer excesivamente, falta de apetito, conductas impulsivas, risa nerviosa y bostezos frecuentes.